¿No te sabe la comida “igual que antes”, o simplemente apenas percibes el sabor de los alimentos? Tal vez el problema no radique en la sazón de los platos, sino en algún trastorno del sentido del gusto… y hasta en otro de tus sentidos, el olfato.
Gracias a nuestro sentido del gusto podemos disfrutar de las comidas y saborear una infinidad de sabores, desde el aperitivo hasta el postre. Y gracias al gusto, podemos a veces detectar algún problema, como un alimento en mal estado, evitando una indigestión, o algo peor.
Gracias a nuestro sentido del gusto podemos disfrutar de las comidas y saborear una infinidad de sabores, desde el aperitivo hasta el postre. Y gracias al gusto, podemos a veces detectar algún problema, como un alimento en mal estado, evitando una indigestión, o algo peor.
El trastorno más común es un gusto “fantasma”, que permanece aunque no tengas nada en la boca. También puede reducirse la capacidad de percibir los cinco gustos básicos. A veces se pierde la capacidad total de detectar los sabores, aunque es un fenómeno raro. Casi siempre lo que se experimenta es la pérdida del olfato, no del gusto.
Algunas personas tienen trastornos del gusto de nacimiento, pero casi siempre se producen después de un golpe o una enfermedad. Las mujeres suelen ser más precisas que los hombres en la identificación de los olores, aunque en general el olfato de todos comienza a declinar después de los 60 años. Además de la edad (las papilas gustativas comienzan a disminuir a partir de los 50), hay otras razones que pueden conducir a la pérdida del gusto:
Infecciones en la parte superior de las vías respiratorias y en el oído medio.
Pólipos en la nariz o en las cavidades nasales.
Haber recibido terapia de radiación para el cáncer de la cabeza y del cuello.
Exposición a ciertas sustancias químicas, como insecticidas, o a algunos medicamentos.
Problemas dentales o mala higiene bucal.
Fumar.
Por otra parte, la pérdida del sentido del gusto crea a veces problemas de salud. Puede ser un factor de riesgo en afecciones cardíacas, diabetes, apoplejías y otras enfermedades que requieren una dieta especial. Si tu gusto se distorsiona, podrías cambiar tus hábitos alimenticios, y comer demasiado y subir de peso o comer muy poco y bajar excesivamente.
Si notas que has perdido total o parcialmente tu sentido del gusto, lo primero que te recomiendo es que consultes a un otorrinolaringólogo para que investigue la causa y te indique el tratamiento adecuado, ya sea sustituir un medicamento, corregir el problema que lo causa o eliminarlo por medio de la cirugía.

